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El Hospital Sant Joan d’Alacant ofrece esta técnica como fase final de la reconstrucción mamaria, para favorecer la autoestima y el bienestar emocional
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La consulta, atendida por enfermeras especializadas, permite reconstruir el complejo areola-pezón y corregir cicatrices tras una mastectomía
La reconstrucción mamaria tras un cáncer de mama no termina siempre en el quirófano. Para muchas pacientes, el proceso concluye cuando vuelven a mirarse al espejo y reconocerse. Ese último paso llega con la micropigmentación mamaria, una técnica que el Hospital Universitario Sant Joan d’Alacant ofrece dentro de su cartera de servicios y que permite reconstruir el complejo areola-pezón o corregir alteraciones derivadas de la cirugía.
La consulta está atendida por enfermeras con formación específica en micropigmentación clínica y forma parte del abordaje multidisciplinar que reciben las pacientes con cáncer de mama, una vez finalizados los tratamientos oncológicos y la reconstrucción quirúrgica.
Ana Belén Gil, una de las enfermeras responsables de la consulta, explica que la micropigmentación consiste en introducir un pigmento en la dermis para recrear la areola y el pezón, corregir cicatrices o mejorar pequeñas asimetrías tras la cirugía. «Las propias pacientes lo describen como el punto final del proceso. Después de la quimioterapia, la radioterapia y las intervenciones quirúrgicas, sienten que recuperan una parte de su identidad».
La técnica está indicada principalmente para mujeres y hombres que han sido sometidos a una mastectomía unilateral o bilateral y han completado su reconstrucción mamaria. Salvo en casos muy concretos derivados de una afectación importante de la piel tras la radioterapia, prácticamente todos los pacientes pueden beneficiarse de este procedimiento.
Más allá del resultado estético, los profesionales destacan el impacto que tiene sobre el bienestar emocional. «Recuperan la autoestima, su autoconcepto y vuelven a sentirse ellas mismas. Muchas vuelven a disfrutar con normalidad de actividades tan cotidianas como ir a la playa, al gimnasio o vivir sus relaciones personales sin complejos», señala Ana Belén Gil.
Ese beneficio psicológico lo conoce bien Cecilia, paciente del Hospital Universitario Sant Joan d’Alacant que decidió someterse a la reconstrucción mamaria y posteriormente a la micropigmentación. «La pigmentación de la areola es la guinda del pastel. Es el final del proceso y ayuda a cerrar un círculo que empezó con la enfermedad», afirma.
Durante su testimonio, explica que con la reconstrucción “no reconstruyes solo tu cuerpo; también reconstruyes tu mente. Ya no te operas porque estás enferma, sino porque estás sana y quieres recuperar una parte de ti».
La paciente también destaca la importancia de que este recurso esté disponible en la sanidad pública. «Que existan consultas de micropigmentación en hospitales públicos ayuda a normalizar todo el proceso de reconstrucción y hace que sea accesible para muchas más mujeres».
Un procedimiento seguro y personalizado
Antes de realizar la micropigmentación, las pacientes acuden a una primera consulta en la que se revisa su historia clínica, se realiza una prueba de alergia y se planifica el tratamiento. Posteriormente se lleva a cabo la micropigmentación y, semanas después, se realiza una revisión para valorar el resultado y determinar si es necesario realizar algún retoque.
Ana Belén Gil subraya que el procedimiento se realiza siguiendo los protocolos comunes de la sanidad pública valenciana y con todas las garantías de seguridad. «Utilizamos pigmentos inorgánicos avalados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, libres de metales y con las máximas condiciones de asepsia».
Las personas candidatas a esta técnica son derivadas desde los servicios de Oncología, Ginecología, Cirugía General o Cirugía Plástica, especialidades que participan en el proceso de reconstrucción mamaria.
Evaluar científicamente su impacto
Además de la actividad asistencial, el Hospital Universitario Sant Joan d’Alacant participa junto a otros hospitales españoles y universidades en un proyecto de investigación destinado a medir el impacto real de la micropigmentación sobre la calidad de vida de las pacientes.
«Estamos recogiendo datos antes y después del tratamiento para cuantificar de forma objetiva los beneficios que aporta la micropigmentación dentro de todo el proceso de recuperación tras un cáncer de mama», explica Ana Belén Gil.
Para los profesionales implicados, esta consulta representa mucho más que un procedimiento estético: es completar el proceso de recuperación desde una perspectiva integral, atendiendo no solo a la curación de la enfermedad, sino también al bienestar emocional, la imagen corporal y a la calidad de vida de quienes la han superado.